psiquiàtricos, pero el punta es que empezé a tener una extraña conversación,-Hola- el perro no me repondió, pero me miro fijamente y se agacho la cabeza -¿Como te llamas- por supuesto que no pudo responderme -Como no sè tu nombre, te llamarè... ¡Perrodolfo!.
Mientras el perro me miraba, tuvimos una larga onversación, bueno, realmente fue un monólogo, pero por lo menos fue lo más cercano a prestarme atención que alguien me ha dado en los últimos seis meses.
A Perrodolfo le contè mis problemas, mis aventuras, (y desventuras) porque hacía lo que hacía, y el no dejaba de mirarme a los ojos.
Despues de una hora me empezó a bajar el hambre.
-Bueno Perrodolfo, me debo ir, otro día conversamos, gracias por poder escucharme.
Al llegar a casa me puse a pensar si ya había tocado fondo al conversar con un perro desconocido.

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