sábado, 1 de marzo de 2008

Perrodolfo

No habìa dormido nada en dos noches, me sentìa tan mal que de vuelta de mi paseo diario en bicicleta, me vino un "desvanecimiento" y me caì sobre un jardìn lleno de rayos de sol, por lo que se me amortiguó la caida, el punto es que mientras descanzaba, un perro quiltro se me acrca, me mira fijamente, y se pone en la mata de pasto que crecìa bajo la palmera de en frente. No sè si fue la falta de sueño, los tensodox o mis problemas psiquiàtricos, pero el punta es que empezé a tener una extraña conversación,

-Hola- el perro no me repondió, pero me miro fijamente y se agacho la cabeza -¿Como te llamas- por supuesto que no pudo responderme -Como no sè tu nombre, te llamarè... ¡Perrodolfo!.

Mientras el perro me miraba, tuvimos una larga onversación, bueno, realmente fue un monólogo, pero por lo menos fue lo más cercano a prestarme atención que alguien me ha dado en los últimos seis meses.

A Perrodolfo le contè mis problemas, mis aventuras, (y desventuras) porque hacía lo que hacía, y el no dejaba de mirarme a los ojos.
Despues de una hora me empezó a bajar el hambre.
-Bueno Perrodolfo, me debo ir, otro día conversamos, gracias por poder escucharme.


Al llegar a casa me puse a pensar si ya había tocado fondo al conversar con un perro desconocido.

No hay comentarios: