No podía seguir con Tomás, no lo amaba ni sentía nada por él, ni si quiera ganas de ser su amigo. Me costó encontrarlo para hablar con él, pero finalmente cerré un capítulo de mi historia, y el último de la nuestra. Ahora, absolutamente soltero, creí que podría buscar compañía en mi

interior, y que equivocado estaba.
Los siguientes días transcurrieron normalmente, asistí a la Universidad de Lunes a Viernes, todos los días, pero a medida que los días pasaban, la necesidad de contacto humano se acrecentó más y más.
Suelo llegar temprano a las clases de la tarde, muy temprano, con una hora o más a mi favor, lo que me deja mucho tiempo para escuchar música, dibujar, estudiar, y pensar. Pensar, que mal me hace pensar.
No soy el único en llegar temprano, generalmente todos llegamos temprano a las clases de la tarde, y el panorama es siempre el mismo: Todos en grupos, con amigos que se conocían desde mucho antes. Ya sean del colegio, del
preuniversitario o de alguna fiesta, los grupos se armaron desde antes de iniciar las clases, y yo estoy por allí, escuchando "
Stray Cats Fever" o "
Destruction Pancake" a máximo volumen, con los
audífonos pegados a mis oídos, dando pasos largos, mirando hacia el suelo, esperando que el tiempo pase, y mirando mi reloj, como si sirviera de algo. Mis compañeros se me acercan de vez en cuando, me saludan y me preguntan como estoy. Y fingiendo estar ocupado, doy cortantes respuestas y me voy.
No sé si será solo impresión mía, o si tenga razón, pero a veces pienso que la gente me habla por lástima o compasión. Yo no necesito compasión de nadie, y tal vez me equivoqué, pero prefiero no hablar con nadie, porque aún llevo latente el temor de ser lastimado, engañado, y abandonado otra vez.
El problema es más serio los días Viernes, salimos a la 1:00
PM de nuestra clase de química, y tenemos una hora y media antes de nuestra clase de ejercicios de Álgebra. En ese espacio para almorzar, los grupos vuelven a armarse, se juntan a comer chatarra y tomarse unas cervezas en algunos de los numerosos establecimientos de comidas que se encuentran cerca de la facultad, y yo salgo corriendo antes de que alguien me hable.
Una hora y media solo, sin
hablar con nadie,
mirando con nostalgia a los grupos de amigos que se juntan a conversar, y rezando para que todo termine rápido. ¿Por qué no puedo dejarme llevar, darle vuelta la página y empezar desde cero? ¿Por qué no puedo hablar con mis compañeros como cuando hablé el primer día de clases? Acá, al menos legalmente, somos
jóvenes adultos, y las jugarretas infantiles han quedado en el pasado, si me hablan no es para lastimarme, es para incluirme, pero, no se puede estar seguro. Aún tengo miedo, mucho miedo, y estando tan solo, ese miedo aumenta aún.
Aunque odie admitirlo, necesito la compañía de las personas,
necesito entrar en contacto con la gente, pero mi maldita timidez me
impide abrirme al mundo, saludar, conversar, e
incluso hasta
sonreír, que escasas se hacen las sonrisas cada vez.
Espero poder derrotar mis miedos, poder mirar al mundo de frente y dejar atrás mis inseguridades, pero hasta
entonces, seguiré vagando por las calles, esperando a que acabe el día, y siendo un eterno
solitario.